El último cuaderno de la Fundación Esteve recupera para la memoria del colectivo biomédico actual a las doce mujeres que más contribuyeron al avance de la Medicina en el siglo pasado. Para lograr dedicarse y destacar en ciencia tuvieron que realizar un doble esfuerzo, a causa de la discriminación por motivo de género, pero de que salieron victoriosas no hay ninguna duda: la mayor parte recibieron premios Nobel
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En la cumbre de la biomedicina del siglo XX hubo mujeres, algunas incluso merecedoras de premios Nobel, según recuerda a la comunidad científica actual el último cuaderno de la Fundación Dr. Antonio Esteve, que se presentó ayer en Barcelona. El informe, titulado Doce mujeres en la biomedicina del siglo XX y coordinado por Roser González-Duarte, retrata a un selecto grupo de científicas de diferentes nacionalidades, culturas y religiones que comparten un lugar de honor en la historia de las ciencias de la salud y la vida y trayectorias personales de lucha, más o menos dura, en contra de la discriminación, incluso después de haber realizado trabajos reconocidos internacionalmente.
El recorrido comienza con Elizabeth Helen Blackburn, nacida en 1948 en Hobart, capital de la isla de Tasmania, que aportó, desde Estados Unidos, conocimientos clave sobre la estructura y el comportamiento de los cromosomas. En 2006 recibió el Albert Lasker Award de Investigación Médica por la predicción y el descubrimiento de la telomerasa, un complejo enzimático formado por ARN y proteína necesario para la correcta replicación de los terminales cromosómicos y para la protección y el mantenimiento de la integridad del genoma. Ella explica que los mejores acontecimientos de su vida los vivió en 1986: la nombraron catedrática en la Universidad de Berkeley y fue madre por primera vez.
Gerty Theresa Cori, que trabajó codo con codo con su marido, Carl Cori, puso de relieve la importancia de las bases bioquímicas y moleculares en la fisiología y la patología, lo que le valió un extenso reconocimiento mundial y el primer premio Nobel de Fisiología y Medicina a una mujer, en 1947.
Nació en Praga en 1896, durante el imperio austrohúngaro, en una familia judía acomodada, y murió en 1957. La virulencia del antisemitismo y la falta de oportunidades en una Europa devastada, y más específicamente para las mujeres, llevó a los Cori a Estados Unidos, donde nació su hijo. El Nobel español Severo Ochoa los conoció bien.
Diseño de fármacos
Gertrude Belle Elion, nació en 1918 en Nueva York, en una familia de inmigrantes judíos. Recibió el Nobel en 1988 por una nueva aproximación al diseño racional de medicamentos. Su nombre figura al lado de una impresionante lista de fármacos, entre los que consta el primer tratamiento contra la leucemia (6-mercaptopurina) y el primer agente inmunosupresor para trasplantes (azatioprina).
Tuvo que afrontar múltiples vicisitudes estrechamente relacionadas con ser mujer. Murió en 1999.
Rosalind Franklin (1920-1958) desempeñó un papel decisivo en uno de los avances mas trascendentales de la ciencia del siglo XX: el descubrimiento de la estructura del ADN. La famosa doble hélice fue propuesta por primera vez por James Watson y Francis Crick en 1953, pero buena parte de los datos en que estaba basado este modelo provenía de los estudios de Franklin. Nació en 1920 en Londres en una familia anglo-judía de clase alta, con antepasados notables. Su ausencia entre los autores del conocidísimo trabajo sobre la estructura del ADN, publicado en la revista Nature en 1953, es difícil de justificar, según consta en el estudio de la Fundación Esteve. La concesión del Nobel a Watson, Crick y Wilkins, en 1962, también ha sido discutida.
Dorothy Hodgkin, nació en 1910 en El Cairo, en una familia que gozaba de la típica vida de ingleses que administraban colonias del Imperio Británico; murió en 1994. Su legado científico es "inmenso", según el informe, y le valió, entre otros, el Nobel de Química en solitario en 1964 por sus trabajos sobre el análisis por rayos X de moléculas complejas. Sus métodos se siguen usando.
Rita Levi-Montalcini, nacida en 1909 en Turín, Italia, sigue al pie del cañón. Aunque con el paso del tiempo es irremediable que las neuronas mueran, el resto se reorganizan para mantener las mismas funciones, pero para ello conviene estimularlas; y eso es lo que ella ha venido haciendo, llegando incluso a ganar por ello el Premio Nobel de Medicina en 1986. Mujer, judía e investigadora en plena dictadura de Mussolini lo tenía todo en contra. En su lucha contra la adversidad llegó a montar un laboratorio clandestino en su propia casa. En 1953, en Estados Unidos, logró aislar el factor de crecimiento nervioso.
En contra de su madre
Barbara McClintock (1902-1992), inglesa, pudo estudiar en contra de la opinión de su madre. Entre todos los reconocimientos que recibió a lo largo de su carrera destaca el Nobel en 1983 por demostrar que elementos genéticos trasponibles están presentes en todos los organismos, con implicaciones importantes para la investigación en cáncer, genética de levaduras y la evolución del genoma.
Fondal Neufeld, renunció a los 76 años a su cargo de directora del Departamento de Química Biológica en la Universidad de California, pero sigue publicando y siendo considerada una autoridad mundial en el campo de las enfermedades genéticas hereditarias. Nació en París en 1928 y es hija de dos refugiados judíos de origen ruso que emigraron tras la revolución bolchevique. Tras la invasión de Francia por parte del III Reich volvieron a emigrar a Nueva York, donde dieron mucha importancia a la formación de su hija.
Christiane Nüsslein-Volhard, nacida en 1942 en Magdeburgo, Alemania, en plena II Guerra Mundial, no fue buena estudiante pero sus estudios en Drosophila han hecho que la genética y la biología actual le deban mucho. En 1995, junto con sus compañeros, recibió el Nobel de Fisiología y Medicina por su contribución en la investigación del control genético del desarrollo embrionario.
A tiempo parcial
Janet Rowley nació en Nueva York en 1925 y desde siempre se sintió atraída por la ciencia. Trabajó buena parte de su vida a tiempo parcial, para poder atender a su familia. Demostró que el cáncer es un desorden genético, aunque eso no fue reconocido inicialmente por sus colegas. Ahora sólo le falta el Nobel.
Helen Brooke Taussig nació en 1898 en Cambridge, Estados Unidos, y murió en 1986 en un accidente.
A pesar de su sordera ideó una terapia crucial para los niños cianóticos y otros avances en cardiología y cirugía cardiaca pediátrica nada desdeñables.
Por último, Rosalyn Yalow, nacida en 1921 en Nueva York en una familia de clase trabajadora y judía, tuvo que compatibilizar el rol de madre de familia judía ejemplar con el de científica, hasta que logró el Nobel en 1977 por demostrar que una proteína de pequeño tamaño puede estimular una respuesta inmunitaria, en contra de la creencia clásica.
Su técnica RIA se mantiene en los laboratorios clínicos, de endocrinología y medicina nuclear actuales.
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